Tratamiento de la gota: qué funciona y cómo aliviar los ataques

Si alguna vez has sentido un dolor intenso en el dedo gordo del pie, probablemente hayas sufrido un ataque de gota. No es solo una molestia, es una inflamación causada por cristales de ácido úrico que se acumulan en las articulaciones. Lo bueno es que, con el enfoque correcto, puedes controlar el dolor y evitar futuros brotes.

Medicamentos que controlan el dolor y la inflamación

El primer paso cuando aparece un ataque es calmar el dolor. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como ibuprofeno o naproxeno son los más usados porque actúan rápido y reducen la hinchazón. Si los AINE no dan resultados o tienes problemas gástricos, el médico puede recetar colchicina; funciona bien si se toma dentro de las primeras 12‑24 horas del brote.

En casos más graves, los corticoides (prednisona) pueden ser la mejor opción. Se pueden administrar por vía oral o inyectada en la articulación afectada. Estos medicamentos no son de primera línea, pero son efectivos cuando el dolor es muy intenso o los AINE y la colchicina no bastan.

Cómo bajar el ácido úrico a largo plazo

Controlar el nivel de ácido úrico es la clave para evitar que la gota vuelva. Los fármacos uricosúricos, como el alopurinol o el febuxostat, reducen la producción de ácido úrico en el cuerpo. Se toman de forma continua y suelen requerir análisis de sangre cada pocos meses para ajustar la dosis.

Otro grupo son los uricosúricos que aumentan la excreción renal, como la probenecida. Estos son útiles si el problema es que el cuerpo no elimina suficiente ácido úrico. El médico decidirá cuál es el mejor según tu historial y tus niveles sanguíneos.

Además de la medicación, la dieta juega un papel fundamental. Reduce los alimentos ricos en purinas (carnes rojas, mariscos, vísceras) y limita el consumo de alcohol, sobre todo cerveza y licor fuerte. Opta por lácteos bajos en grasa, frutas, verduras y granos integrales. Beber al menos dos litros de agua al día ayuda a eliminar el ácido úrico por la orina.

Controlar el peso también hace una gran diferencia. Cada kilo extra aumenta la producción de ácido úrico y la presión sobre las articulaciones. Incorporar caminatas diarias o ejercicios suaves, como ciclismo o natación, mantiene los niveles bajo control sin forzar las articulaciones.

En resumen, trata cada ataque con AINE, colchicina o corticoides según la gravedad, y mantén una terapia de bajo ácido úrico a largo plazo con alopurinol, febuxostat o uricosúricos. Complementa con una dieta baja en purinas, buena hidratación y control de peso. Siguiendo estos pasos, la gota deja de ser una amenaza constante y puedes volver a disfrutar de tus actividades sin miedo a los brotes.

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